Al principio hacía streams porque me generaba mucho temor: la idea de crear contenido, ponerme frente a una cámara y hablar en público me daba nervios. Sabía que si quería crecer como creador y como desarrollador tenía que enfrentar eso, así que tomé la decisión de dejar el miedo atrás y comenzar.
En vez de forzarme a hacer algo que no disfrutaba, la mejor idea fue empezar por lo que más me gustaba: combinar dos pasiones sencillas —jugar videojuegos y construir pequeñas aplicaciones— y hacerlo en público. Eso me permitió mantener la motivación, pasar un buen rato y, al mismo tiempo, hablar sobre lo que hacía sin sentir que estaba actuando.
Hacer streaming de partidas y sesiones de código me dio un espacio seguro para practicar hablar en voz alta, explicar decisiones técnicas y recibir feedback inmediato. Poco a poco el miedo se volvió menos grande: empecé a ver el stream como un lugar para aprender, experimentar y conectar con personas que compartían intereses similares.
Si te da miedo empezar, mi recomendación es similar: empieza pequeño, con lo que te hace feliz, y usa esa energía como combustible para aprender a comunicar. No necesitas un set perfecto —necesitas constancia y algo que realmente disfrutes mostrar.
¿Te gustó este artículo? Compártelo con alguien que lo necesite.
Ver todos los artículos